El kelvin (K) es la unidad de temperatura del Sistema Internacional de Unidades (SI) y la referencia en ciencia e ingeniería. A diferencia de Celsius y Fahrenheit, su escala comienza en el cero absoluto (0 K = -273,15 °C), la temperatura teórica más baja posible en la que cesa todo movimiento molecular. No se usa el símbolo de grado (°): se escribe «300 K», no «300 °K».
La conversión es directa: K = °C + 273,15. Así, el punto de congelación del agua es 273,15 K y el de ebullición 373,15 K. En meteorología, el kelvin se usa extensamente en modelos numéricos, ecuaciones termodinámicas, diagramas de sondeos (como el diagrama Skew-T) y para expresar temperaturas potenciales y de brillo de satélites.
La temperatura potencial (en kelvins) es la temperatura que tendría una parcela de aire si se comprimiera adiabáticamente hasta 1000 hPa, y es fundamental para comparar masas de aire a distintas altitudes. Los datos de satélites meteorológicos (como Meteosat) expresan la radiación infrarroja emitida por nubes y superficie en temperatura de brillo (K), lo que permite estimar la altura de las nubes y la intensidad de los cumulonimbus.