El solsticio (del latín sol sistere, «sol quieto») es el momento en que el sol alcanza su máxima o mínima declinación respecto al ecuador celeste, marcando el inicio astronómico del verano y del invierno. Ocurre dos veces al año: el solsticio de verano (en el hemisferio norte, alrededor del 20-21 de junio) y el solsticio de invierno (alrededor del 21-22 de diciembre).

En el solsticio de verano boreal, el sol alcanza su punto más alto en el cielo del hemisferio norte: es el día más largo del año (en Madrid, unas 15 horas de luz) y marca el inicio del verano astronómico. Los rayos solares inciden perpendicularmente sobre el Trópico de Cáncer (23,5° N). En el solsticio de invierno boreal, el sol está en su punto más bajo: es el día más corto (unas 9,5 horas de luz en Madrid) y comienza el invierno astronómico.

Aunque el solsticio de verano tiene el máximo de radiación solar, las temperaturas más altas se alcanzan semanas después (julio-agosto) por la inercia térmica de la tierra y los océanos. Esto se debe a que la superficie sigue absorbiendo más energía de la que pierde durante varias semanas después del solsticio. El solsticio ha sido celebrado por las civilizaciones humanas desde la prehistoria (Stonehenge, pirámides mayas) y sigue siendo un hito en el calendario meteorológico.