El equinoccio (del latín aequinoctium, «noche igual») es el momento en que el sol cruza el ecuador celeste, haciendo que el día y la noche tengan aproximadamente la misma duración en toda la Tierra (~12 horas). Ocurre dos veces al año: el equinoccio de primavera (alrededor del 20 de marzo en el hemisferio norte) y el equinoccio de otoño (alrededor del 22-23 de septiembre).

Los equinoccios marcan el inicio astronómico de la primavera y el otoño. A partir del equinoccio de primavera, los días se alargan progresivamente hasta el solsticio de verano; a partir del de otoño, se acortan hasta el solsticio de invierno. En los polos, los equinoccios marcan el inicio de los 6 meses de luz (verano polar) o los 6 meses de oscuridad (invierno polar).

En meteorología, los equinoccios coinciden con las transiciones estacionales más activas: en primavera, el aumento de la radiación solar reactiva la convección y las tormentas; en otoño, el contraste entre un mar aún cálido y las primeras irrupciones de aire frío desencadena los episodios de DANAs y lluvias torrenciales mediterráneas. Los equinoccios también marcan los picos de las mareas vivas (mareas de sicigia equinocciales), que son las más extremas del año.