Un halo solar (o halo de 22°) es un anillo luminoso que aparece alrededor del sol con un radio angular de 22°. Se produce por la refracción de la luz a través de cristales de hielo hexagonales presentes en nubes altas de tipo cirrostrato o cirro. La luz entra por una cara del prisma hexagonal y sale por otra, desviándose un mínimo de 22°, lo que crea el anillo.

El halo suele ser blanquecino, pero puede mostrar una ligera coloración rojiza en el borde interior y azulada en el exterior. Además del halo de 22°, existen otras variantes más raras: el halo de 46° (más grande), los parhelios (o «soles falsos», manchas brillantes a ambos lados del sol a la altura del halo), el arco circuncenital (un arcoíris invertido sobre el sol) y las columnas solares (bandas verticales de luz sobre o bajo el sol).

El halo solar es un indicador meteorológico clásico: la presencia de cirrostratos suele asociarse a la aproximación de un frente cálido, por lo que el dicho «halo en el sol, lluvia al amanecer» tiene base científica. La lluvia puede llegar en las siguientes 12-36 horas. Los halos se observan en cualquier latitud y en cualquier época del año; de hecho, son más frecuentes de lo que la gente cree (unas 100 veces al año en latitudes medias), pero pasan desapercibidos porque pocos miran directamente hacia el sol.