El ojo de un huracán es una región circular de 10-60 km de diámetro en el centro del ciclón, donde el aire desciende, los vientos se calman, las nubes se disipan parcialmente y la presión es mínima. Está rodeado por la pared del ojo (eyewall), donde se concentran los vientos más destructivos y la lluvia más intensa.
Peligro de la calma
El paso del ojo puede dar una falsa sensación de seguridad: el cielo se despeja, el viento cesa y puede salir el sol. Sin embargo, la segunda mitad del huracán llega con vientos de dirección opuesta y renovada intensidad. Un ojo más pequeño y definido generalmente indica un ciclón más intenso. Los «ciclos de reemplazo de la pared del ojo» pueden causar fluctuaciones temporales de intensidad.