Una microexplosión (microburst) es una corriente descendente violenta y concentrada que se precipita desde un cumulonimbus hacia el suelo, produciendo al impactar un estallido radial de vientos destructivos. El área afectada es inferior a 4 km de diámetro (si es mayor, se denomina macroburst), pero los vientos pueden superar los 250 km/h — comparables a un tornado EF3.
Existen dos tipos: microexplosiones húmedas (acompañadas de precipitación intensa, más fáciles de detectar por radar) y microexplosiones secas (la precipitación se evapora antes de llegar al suelo pero la corriente descendente fría sigue siendo destructiva; más peligrosas por ser invisibles). La evaporación de la precipitación enfría el aire y lo acelera hacia abajo.
Las microexplosiones son especialmente peligrosas para la aviación: un avión que entre en una microexplosión experimenta primero un aumento repentino de viento frontal (ganancia de sustentación), seguido instantáneamente de un viento de cola (pérdida catastrófica de sustentación) justo cuando está más bajo. Este fenómeno causó varios accidentes aéreos mortales antes de que se implementaran sistemas de detección (LLWAS, TDWR). En España, las microexplosiones asociadas a tormentas de verano causan daños localizados que a veces se confunden con tornados.