Un tornado es un vórtice de aire en rotación violenta que se extiende desde la base de un cumulonimbus hasta la superficie terrestre, visible como un embudo (o tubo) de condensación. Los vientos pueden alcanzar más de 480 km/h (los más destructivos del planeta) y el diámetro varía desde pocos metros hasta más de 2 km. Su duración típica es de minutos a una hora, pero su potencia devastadora los convierte en uno de los fenómenos más destructivos.
Se forman preferentemente en supercélulas que contienen un mesociclón (rotación a escala de varios kilómetros). La cizalladura del viento vertical (cambio de dirección y velocidad del viento con la altitud) es el ingrediente clave para iniciar la rotación. El «tornado alley» del centro de Estados Unidos es la región más prolífica (unos 1.200 tornados/año), pero también se producen en Europa, Australia, Sudamérica, India y Bangladesh.
Se clasifican con la escala Fujita mejorada (EF0 a EF5). En España se registran unos 10-15 tornados al año, generalmente de intensidad baja (EF0-EF1), concentrados en el litoral mediterráneo (Cataluña, Baleares, Valencia, Andalucía) y el valle del Ebro. Sin embargo, tornados EF2 y EF3 también se han documentado, como los de Badalona (2005), Málaga (2014) y Denia (2007). Las trombas marinas que tocan tierra en la costa mediterránea son la fuente más frecuente de tornados en España.