La salinidad media del océano es 35‰ (35 gramos de sal por litro). Varía desde <30‰ en zonas de mucha lluvia y deshielo (Báltico, Ártico) a >40‰ en mares cerrados con alta evaporación (Mediterráneo: 38‰, Mar Rojo: 40‰).
La salinidad y la temperatura determinan la densidad del agua, motor de la circulación termohalina. En el Atlántico norte, el agua se enfría y se saliniza (por evaporación y formación de hielo), se vuelve densa y se hunde, alimentando la corriente profunda del AMOC. La fusión del hielo de Groenlandia inyecta agua dulce que reduce la salinidad y podría debilitar esta circulación.