La AMOC (Atlantic Meridional Overturning Circulation) es el componente atlántico de la circulación termohalina global y uno de los sistemas climáticos más importantes del planeta. Consiste en un flujo de agua superficial cálida que viaja desde los trópicos hacia el Atlántico Norte (incluyendo la Corriente del Golfo y la Deriva del Atlántico Norte), donde se enfría, se hunde hasta profundidades de 2.000-4.000 metros y regresa hacia el sur como corriente profunda. La AMOC transporta aproximadamente 1,3 petavatios (1,3 × 10¹⁵ vatios) de energía térmica hacia el norte, lo que explica que ciudades como Londres (51°N) tengan inviernos mucho más suaves que Montreal (45°N). Sin este transporte de calor, las temperaturas medias de Europa occidental serían entre 5 y 10 °C más bajas. Además, la AMOC impulsa la absorción oceánica de CO₂ al hundir agua superficial rica en carbono disuelto y transporta nutrientes que sostienen los ecosistemas marinos del Atlántico. Las mediciones del programa RAPID (desde 2004) han documentado una variabilidad considerable y una tendencia al debilitamiento. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) proyecta que la AMOC se debilitará entre un 25% y un 50% para finales del siglo XXI bajo escenarios de altas emisiones. Algunos estudios sugieren que podría alcanzar un punto de no retorno, generando un enfriamiento abrupto en Europa, alteración de los patrones de precipitación hemisféricos y aceleración de la subida del nivel del mar en la costa este de América.