El cambio climático se refiere a una variación estadísticamente significativa en el estado medio del clima que persiste durante décadas o más. Aunque el clima de la Tierra ha cambiado naturalmente a lo largo de la historia geológica, el término se usa hoy principalmente para el calentamiento global actual, causado predominantemente por la emisión de gases de efecto invernadero (CO₂, metano, N₂O) de origen humano desde la Revolución Industrial.

La temperatura media global ha aumentado 1,2 °C desde la era preindustrial (2024), y se proyecta un aumento de 1,5-4,5 °C para finales de siglo según los escenarios de emisiones. Las consecuencias ya observables incluyen: deshielo acelerado del Ártico y glaciares, subida del nivel del mar (3,7 mm/año), aumento de la frecuencia e intensidad de olas de calor, precipitaciones más extremas, sequías más prolongadas y desplazamiento de las zonas climáticas.

En España, el cambio climático es especialmente preocupante: las temperaturas han subido un 1,7 °C desde 1950 (más que la media global), las precipitaciones muestran tendencia a la baja en el sur y este peninsular, la nieve se retira a cotas cada vez más altas (pérdida del 50 % del manto nival pirenaico desde 1980), los incendios forestales son más frecuentes e intensos, y las olas de calor duran más y son más severas. El Mediterráneo es identificado por el IPCC como un «punto caliente» especialmente vulnerable al cambio climático.