Una ola de calor es un episodio de temperaturas excepcionalmente elevadas que se mantiene durante al menos tres días consecutivos (según la definición de AEMET para España). Para que AEMET la declare oficialmente, las temperaturas máximas deben superar el percentil 95 de la serie histórica en al menos el 10 % de las estaciones meteorológicas de referencia. La definición varía según países y organismos, pero el concepto común es: calor anómalo, persistente y extenso.
Las olas de calor se producen cuando un anticiclón de bloqueo se instala sobre una región durante días, impidiendo la entrada de aire fresco y generando subsidencia que calienta el aire por compresión. En España, las olas de calor más intensas se asocian a advecciones de aire sahariano (masa de aire cT) que se suman al efecto anticiclónico. Las temperaturas pueden superar los 45 °C en el interior de Andalucía, Extremadura y ambas mesetas.
Los impactos sanitarios son graves: golpes de calor, deshidratación y exceso de mortalidad especialmente en mayores de 65 años. La ola de calor europea de 2003 causó unas 70.000 muertes prematuras en el continente. El cambio climático está aumentando la frecuencia, duración e intensidad de las olas de calor: lo que antes era un fenómeno excepcional ocurre ahora cada verano. Las islas de calor urbanas amplifican el efecto en las ciudades, donde las noches tropicales (>20 °C) dificultan la recuperación del cuerpo.