Una helada se produce cuando la temperatura del aire o de la superficie desciende por debajo de 0 °C, permitiendo la congelación del agua. Existen dos tipos principales: helada de radiación (noches despejadas, viento en calma, pérdida de calor por radiación infrarroja; las más frecuentes) y helada de advección (llegada de una masa de aire muy frío de origen polar o siberiano; las más intensas y duraderas).

La escarcha blanca que aparece en superficies es la sublimación directa del vapor de agua del aire al entrar en contacto con superficies bajo 0 °C (similar al rocío pero congelado). En agricultura, las heladas son uno de los mayores riesgos: heladas tardías en primavera pueden destruir cosechas de frutales que ya habían florecido. Las heladas negras (sin escarcha, con aire muy seco) son especialmente dañinas porque el hielo se forma dentro de los tejidos vegetales.

Las heladas más intensas en España se registran en las depresiones interiores (Teruel, Molina de Aragón, Calamocha), los fondos de valle del Sistema Ibérico y los páramos de ambas mesetas, donde el aire frío se acumula por efecto de vientos catabáticos e inversiones térmicas. Teruel ostenta muchos de los récords de frío peninsular, con temperaturas de -20 a -25 °C. En montaña, las heladas pueden producirse en cualquier mes del año por encima de 2.500 m.