Un anticiclón es un sistema meteorológico de alta presión (generalmente por encima de 1013 hPa) en el que el aire desciende lentamente desde las capas altas de la atmósfera hacia la superficie. Este movimiento descendente — llamado subsidencia — comprime y calienta el aire, disolviendo las nubes y generando tiempo estable, soleado y con vientos débiles. En el hemisferio norte, los vientos giran en sentido horario alrededor del centro anticiclónico; en el hemisferio sur, en sentido antihorario.

Existen distintos tipos de anticiclones según su origen. Los anticiclones subtropicales (como el anticiclón de las Azores) son permanentes y regulan el clima de amplias regiones. Los anticiclones térmicos se forman en invierno sobre masas continentales frías (Siberia, Canadá). Los anticiclones de bloqueo pueden estancarse durante semanas, desviando las borrascas y provocando sequías prolongadas u olas de calor.

En España, el anticiclón de las Azores es el principal regulador del tiempo en verano, aportando cielos despejados y calor. Cuando se debilita o se desplaza, permite la entrada de frentes fríos atlánticos. En invierno, los anticiclones térmicos sobre la meseta pueden atrapar niebla y contaminación bajo inversiones térmicas, especialmente en los valles del interior.