La calima seca es una reducción de la visibilidad causada por partículas sólidas de polvo mineral en suspensión en la atmósfera, sin que exista humedad significativa. Se diferencia de la bruma (visibilidad reducida por gotitas de agua microscópicas) y de la niebla (visibilidad < 1 km por saturación). Meteorológicamente, la calima seca reduce la visibilidad a 2-8 km típicamente, aunque en episodios severos puede bajar de 1 km.
Origen e impacto en España
En España y el Mediterráneo occidental, la principal fuente es el desierto del Sáhara. Las intrusiones de polvo sahariano llegan cuando una borrasca en superficie o una DANA en altura genera un flujo de componente sur que arrastra aire cargado de polvo a través del Mediterráneo. Los episodios más intensos elevan las concentraciones de PM10 por encima de 100-500 µg/m³ (el límite de la UE es 50 µg/m³).
Canarias es la comunidad más afectada, con decenas de episodios anuales (llamados localmente «calima»), algunos tan severos que cierran aeropuertos. En la Península, los meses de mayor incidencia son febrero-abril y octubre-noviembre. El cielo adquiere un tono blanquecino, amarillento o anaranjado, y la radiación solar directa se reduce mientras aumenta la difusa.
Los efectos sanitarios son significativos: aumento de ingresos hospitalarios por asma, EPOC y problemas cardiovasculares; irritación ocular y respiratoria; y transporte de alérgenos y microorganismos. Cuando la calima coincide con lluvias se produce la lluvia de barro. Ver también: siroco, tormenta de arena.