La lluvia de barro es un fenómeno meteorológico en el que la precipitación arrastra polvo mineral en suspensión — generalmente de origen sahariano — depositándolo sobre superficies al evaporarse o escurrir. El resultado visible es una capa de barro fino de color rojizo, anaranjado o amarillento sobre vehículos, edificios, vegetación y cualquier superficie expuesta.

Mecanismo de formación

Se produce cuando confluyen dos condiciones: una masa de aire cargada de calima (polvo en suspensión, habitualmente de origen sahariano) y un sistema de precipitación (frente, DANA, o convección local). Las gotas de lluvia actúan como «barredoras» del polvo suspendido en la columna atmosférica mediante un proceso llamado lavado atmosférico (wet deposition).

En España es un fenómeno relativamente frecuente, especialmente en la mitad sur y el Mediterráneo, con una media de 5-15 episodios anuales. Los meses más habituales son de febrero a junio y de octubre a noviembre, cuando las intrusiones de aire sahariano hacia la Península son más frecuentes. En episodios intensos, la concentración de partículas en la lluvia puede dar al agua un aspecto lechoso o directamente «de barro».

Aunque visualmente llamativa y molesta (los coches quedan cubiertos de polvo), la lluvia de barro tiene un efecto ecológico positivo: el polvo sahariano aporta nutrientes minerales (hierro, fósforo) al suelo, fertilizando bosques y ecosistemas. Sin embargo, las partículas finas (PM10, PM2.5) degradan la calidad del aire y afectan a personas con asma o alergias. Ver también: siroco, tormenta de arena.