La niebla es, esencialmente, una nube a nivel del suelo. Se define oficialmente como una reducción de la visibilidad horizontal por debajo de 1.000 metros causada por diminutas gotas de agua suspendidas en el aire (cuando la visibilidad está entre 1.000 y 5.000 m se denomina neblina). La niebla se forma cuando el aire se enfría hasta su punto de rocío o cuando se añade suficiente humedad al aire para saturarlo.

Existen varios tipos según su mecanismo de formación: niebla de radiación (la más frecuente: noches despejadas y en calma, el suelo se enfría y enfría el aire en contacto; típica de los valles del Duero, Ebro y Tajo en invierno), niebla de advección (aire cálido y húmedo se desplaza sobre una superficie fría; frecuente en las costas), niebla orográfica (nubes bajas que envuelven las montañas), niebla de evaporación (sobre ríos o lagos más calientes que el aire) y niebla de precipitación (gotas de lluvia evaporándose en aire frío bajo una nube).

En España, la niebla es un fenómeno invernal muy frecuente en los valles interiores: Valladolid registra una media de 60-80 días de niebla al año, y ciudades como Zamora, León o Zaragoza sufren episodios persistentes bajo inversiones térmicas anticiclónicas que pueden durar semanas. Las nieblas costeras son más frecuentes en el Cantábrico y Galicia. La niebla es la causa meteorológica más importante de accidentes de tráfico múltiples y de retrasos aeroportuarios. En aviación se mide con los códigos de visibilidad del METAR.