Un frente frío es la zona de transición donde una masa de aire frío avanza y se introduce por debajo de una masa de aire más cálido, elevándola bruscamente. En los mapas sinópticos se representa con una línea azul con triángulos que apuntan en la dirección de avance. Los frentes fríos se mueven más rápido que los frentes cálidos (40-60 km/h de media) porque el aire frío, más denso, actúa como una cuña agresiva.
El ascenso forzado del aire cálido produce una banda estrecha pero intensa de nubosidad y precipitación. Las nubes típicas son cumulonimbus y cúmulos de gran desarrollo, con lluvias fuertes pero de corta duración, posibles tormentas, granizo y rachas de viento. Tras el paso del frente, la temperatura baja bruscamente (a veces 10 °C en pocas horas), la presión sube, el viento rola al noroeste y el cielo se limpia rápidamente con aire polar más seco.
En la Península Ibérica, los frentes fríos atlánticos son el mecanismo principal de lluvia, especialmente en otoño e invierno. Entran por el noroeste y barren el territorio de oeste a este. En el Mediterráneo, la interacción entre frentes fríos y el mar cálido puede generar fenómenos de convección intensa, alimentando DANAs y episodios de precipitación extrema. Un frente frío activo puede producir cizalladura del viento peligrosa para la aviación.