El anemómetro es el instrumento que mide la velocidad del viento. El tipo más clásico es el anemómetro de cazoletas (o Robinson), inventado en 1846: tres o cuatro semiesferas cóncavas montadas en un eje vertical que gira más rápido cuanto más fuerte sopla el viento. La velocidad de rotación se convierte en velocidad del viento (km/h, m/s o nudos).
Tipos modernos: anemómetro ultrasónico (mide el tiempo que tardan pulsos de ultrasonidos entre pares de transductores; sin partes móviles, muy preciso), anemómetro de hélice (combinado con veleta para medir también la dirección), anemómetro de hilo caliente (para investigación, mide la refrigeración del hilo por el viento) y LIDAR Doppler (usa láser para medir el viento a distancia, muy utilizado en parques eólicos y aeropuertos).
En una estación meteorológica estándar, el anemómetro se instala a 10 metros de altura sobre terreno abierto para obtener medidas representativas. A menor altura, la fricción con la superficie reduce la velocidad. Las estaciones automáticas registran la velocidad media y la racha máxima (el pico de velocidad en un intervalo de 3 segundos). Los avisos de viento de AEMET se basan en las rachas máximas previstas. Instrumento complementario: la veleta, que indica la dirección de donde viene el viento.