El barómetro es el instrumento que mide la presión atmosférica y es, históricamente, la herramienta más importante para predecir el tiempo. Fue inventado por Evangelista Torricelli en 1643 utilizando un tubo de mercurio invertido: la columna de mercurio subía o bajaba según la presión del aire, midiendo «760 mm de mercurio» como valor medio al nivel del mar.

Existen tres tipos principales: el barómetro de mercurio (tubo de Torricelli, muy preciso pero se ha abandonado por la toxicidad del mercurio), el barómetro aneroide (cápsula metálica sellada al vacío que se deforma con la presión, moviendo una aguja sobre una escala; el clásico de pared) y el barómetro digital (sensor piezoresistivo o capacitivo, el más usado actualmente en estaciones automáticas y smartphones).

Para predecir el tiempo con un barómetro, lo importante no es el valor absoluto sino la tendencia: una presión en descenso rápido (>3 hPa en 3 horas) anuncia la llegada de una borrasca con viento y lluvia; un ascenso constante indica que se acerca un anticiclón y tiempo estable. La expresión «el barómetro cae» es sinónimo de mal tiempo inminente. Los barómetros marinos tradicionales tienen un dial con indicaciones: «Muy seco», «Buen tiempo», «Variable», «Lluvia», «Tempestad». Hoy, los sensores barométricos integrados en teléfonos móviles y relojes inteligentes proporcionan datos de presión en tiempo real.