La capa de ozono es una región de la estratosfera, entre 15 y 35 km de altitud, donde se concentra la mayor parte del ozono (O₃) atmosférico. Aunque la cantidad total de ozono es pequeña (si se comprimiera a la presión del nivel del mar, formaría una capa de solo 3 mm de grosor), su importancia es vital: absorbe el 97-99 % de la radiación ultravioleta de tipo UV-B y UV-C del sol, que son extremadamente dañinas para los seres vivos.
Sin la capa de ozono, la vida terrestre tal como la conocemos no sería posible: la radiación UV intensa causa cáncer de piel, cataratas, daño al ADN, supresión del sistema inmunitario y destrucción del fitoplancton oceánico. El agujero de ozono antártico, descubierto en 1985, fue causado por los gases CFC (clorofluorocarbonos) utilizados en aerosoles, refrigeración y espumas. El cloro liberado destruye catalíticamente miles de moléculas de ozono por cada átomo de cloro.
El Protocolo de Montreal (1987) — el acuerdo ambiental internacional más exitoso de la historia — prohibió progresivamente los CFC. Gracias a ello, la capa de ozono se está recuperando lentamente y se espera que vuelva a los niveles de 1980 hacia 2066 sobre la Antártida. El índice UV que medimos en Meteo.es depende directamente del grosor de la capa de ozono sobre cada ubicación, que varía según la latitud, la estación y la actividad atmosférica.