Los cúmulos (Cu) son las nubes más reconocibles: masas blancas y densas de base plana y cima redondeada, que recuerdan a coliflores o algodones flotando en el cielo. Se forman por convección térmica: el sol calienta el suelo, el aire caliente asciende y, al enfriarse a la altitud de condensación, forma la nube. Su base está típicamente entre 600 y 2.000 m.
Se clasifican en varias especies según su desarrollo vertical: los cúmulos humilis (de buen tiempo) son más anchos que altos, aplanados, y no producen precipitación; los cúmulos mediocris tienen un desarrollo vertical moderado; y los cúmulos congestus (torreonantes) crecen vigorosamente hacia arriba como torres y pueden producir lluvias breves. Cuando un cúmulo congestus desarrolla un yunque de hielo en su cima, se convierte en cumulonimbus.
Los cúmulos de buen tiempo son un indicador de condiciones atmosféricas estables: aparecen por la mañana, crecen al mediodía con el calentamiento solar y se disuelven al atardecer cuando cesa la convección. Si en cambio siguen creciendo por la tarde, indican inestabilidad creciente y posibles tormentas. En la aviación, los pilotos evitan los cúmulos congestus por las turbulencias y las corrientes ascendentes/descendentes violentas en su interior.