El cierzo es un viento frío, seco y persistente que sopla del noroeste por el valle del Ebro, canalizado entre los Pirineos al norte y el Sistema Ibérico al sur. Es uno de los vientos más característicos y potentes de España, con rachas que pueden superar los 100 km/h en la zona central del valle (Zaragoza, Tudela).
Se produce cuando una borrasca se sitúa al norte de los Pirineos o sobre el Mediterráneo occidental, estableciendo un gradiente de presión noroeste-sureste. El aire frío de origen atlántico o polar se canaliza por el valle del Ebro como por un embudo natural, acelerándose por el efecto Venturi. Al descender desde la meseta y las montañas, se calienta y seca (componente Föhn), pero sigue siendo frío en comparación con el aire que desplaza.
El cierzo es fundamental para la identidad climática de Aragón: reseca los campos (puede evaporar la humedad del suelo en horas), intensifica la sensación térmica de frío en invierno, y genera un cielo excepcionalmente limpio y luminoso. Zaragoza es una de las capitales más ventosas de Europa por el cierzo. En contrapartida, el valle del Ebro es una zona privilegiada para la energía eólica, con miles de aerogeneradores. Los romanos ya documentaron el circius como un viento poderoso de la Hispania Citerior.