Un frente estacionario es un límite entre dos masas de aire (fría y cálida) que apenas se mueve: ninguna de las dos tiene fuerza suficiente para desplazar a la otra. En los mapas se dibuja como una línea alternando triángulos azules (lado frío) y semicírculos rojos (lado cálido) apuntando en direcciones opuestas.

La principal consecuencia de un frente estacionario es la precipitación persistente en la misma zona durante días. Dado que la nubosidad y la lluvia se concentran a lo largo del frente y este no se mueve, la misma región recibe precipitación continua o recurrente, lo que puede provocar inundaciones graves por acumulación. Los episodios de lluvias catastróficas en Europa Central (Oder 1997, Elba 2002, Danubio 2013) estuvieron frecuentemente asociados a frentes estacionarios.

Un frente estacionario puede reactivarse y comenzar a moverse: si el aire frío empuja, se convierte en frente frío; si el cálido avanza, en frente cálido. También puede ondularse y generar nuevas borrascas que se desplazan a lo largo de él (ondas frontales). En la Península Ibérica, los frentes estacionarios son más raros que en latitudes más altas, pero cuando se establecen sobre el Cantábrico o los Pirineos pueden producir lluvias muy prolongadas.