Las nubes de ceniza volcánica contienen partículas de roca fragmentada y vidrio volcánico (0,001-2 mm) que pueden ascender hasta la estratosfera y ser transportadas miles de kilómetros por el jet stream. Son invisibles al radar meteorológico convencional.

Para la aviación son extremadamente peligrosas: la ceniza se funde a la temperatura de los motores a reacción (~1.400 °C), se solidifica en las turbinas y puede causar la parada total de los motores. La erupción del Eyjafjallajökull (2010) cerró el espacio aéreo europeo durante 6 días. Los centros VAAC (Volcanic Ash Advisory Centre) monitorizan y predicen la dispersión de ceniza.