El jet stream (corriente en chorro) es una banda estrecha de vientos muy intensos que circula de oeste a este en la alta troposfera, a altitudes entre 9.000 y 12.000 metros. Su velocidad media oscila entre 150 y 300 km/h, pudiendo superar los 400 km/h en invierno. Tiene un ancho de unos 100-200 km y un grosor de apenas 2-3 km, como un río aéreo que serpentea alrededor del globo.

El jet stream polar (el más importante para el tiempo en Europa) se forma en la zona de máximo contraste térmico entre el aire polar frío y el aire subtropical cálido. Según la ecuación del viento térmico, cuanto mayor es el gradiente horizontal de temperatura, más fuerte es el jet. Por eso es más intenso en invierno. Sus ondulaciones (ondas de Rossby) determinan la posición de borrascas y anticiclones en superficie: las vaguadas (ondulaciones hacia el sur) se asocian a mal tiempo y las dorsales (ondulaciones hacia el norte) a tiempo estable.

Cuando el jet stream se debilita y sus meandros se amplifican, puede desgajar bolsas de aire frío que forman DANAs. Este debilitamiento se ha relacionado con el calentamiento acelerado del Ártico (amplificación ártica), y hay evidencia científica de que está aumentando la frecuencia de eventos meteorológicos extremos persistentes (olas de calor, sequías, lluvias prolongadas) al favorecer patrones de bloqueo atmosférico. Para la aviación, el jet stream es crucial: los vuelos transatlánticos de oeste a este son más rápidos porque aprovechan su empuje.