Una teleconexión es una relación estadística significativa entre anomalías meteorológicas o climáticas en regiones geográficamente distantes, a menudo separadas por miles de kilómetros. Estas conexiones remotas se establecen a través de ondas planetarias (ondas de Rossby) en la circulación atmosférica y de interacciones océano-atmósfera que transmiten señales climáticas a escala global.

Patrones principales

Los patrones de teleconexión más conocidos incluyen: la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), que controla el tiempo invernal en Europa y España; la Oscilación Ártica (AO); el ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), el más potente globalmente; el patrón Atlántico Este (EA); y la MJO en escalas intraestacionales. Cada uno se define por un índice numérico que cuantifica la fase positiva o negativa del patrón.

Para España, la NAO es la teleconexión más influyente: una NAO negativa (baja presión relativa sobre Islandia) favorece inviernos lluviosos en la Península Ibérica al desviar las borrascas atlánticas hacia latitudes más bajas, mientras que una NAO positiva trae inviernos secos y templados. La NAO explica hasta el 40-60 % de la variabilidad de precipitación invernal en el oeste peninsular.

Las teleconexiones son herramientas fundamentales para la predicción estacional: si un patrón está en una fase determinada, se pueden estimar probabilidades de que una región sea más cálida/fría o más húmeda/seca de lo normal. Ver también: El Niño, Oscilación Madden-Julian.