El Niño es la fase cálida del ciclo ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), un patrón climático natural que alterna entre condiciones cálidas (El Niño) y frías (La Niña) en el océano Pacífico ecuatorial. Durante un episodio de El Niño, la temperatura superficial del Pacífico central y oriental sube 0,5-3 °C por encima de lo normal, debilitando los vientos alisios que normalmente mantienen el agua cálida acumulada en el Pacífico occidental.
Los efectos se propagan por todo el planeta a través de teleconexiones atmosféricas: sequías e incendios en Australia e Indonesia, lluvias torrenciales en Perú y Ecuador, inviernos más suaves en Norteamérica, debilitamiento del monzón asiático, y mayor actividad ciclónica en el Pacífico oriental pero menor en el Atlántico. El Niño de 1997-98 causó daños estimados en 35.000 millones de dólares y miles de muertes.
En España y Europa, El Niño tiende a asociarse con inviernos más fríos y secos en el norte de Europa y más húmedos en el Mediterráneo, aunque la correlación no es tan directa como en los trópicos. Los episodios de El Niño ocurren cada 2-7 años y duran 9-12 meses. Su predicción es posible con varios meses de antelación gracias a modelos acoplados océano-atmósfera, lo que lo convierte en la principal fuente de predictibilidad climática estacional.